Hacía un frío espantoso cuando bajamos por esas escalinatas. Mi monologo sonaba vacío para ambos, pero a esas horas, no había mucho más de qué hablar. El día había sido exageradamente largo, y las responsabilidades flotaban aún en el aire.
Mi cabeza estaba en cualquier lado, y esa sonrisa tortuosa no ayudaba mucho a la inspiración. Había un enojo infantil entre ambos, por las mismas exactas razones que son más difíciles de admitir que de asimilar. Por supuesto nadie hizo eco del asunto.
Echaste un rápida mirada al celular, para constatar que era cortés excusarse por la hora e intentar un disimulado escape. Yo mire para otro lado, para evitar el momento, para evitar lo incómodo que resultaría preguntar si es ella quien escribe.
Me besaste en la mejilla, con dulzura, aunque en ese momento no lo mereciera. Balbuceaste algo que no llegué a oír y desapareciste entre la marea humana de ciudad. A decir verdad, no pude reaccionar. Me costó horrores volver a respirar, morderme los labios y seguir mi camino.
No es verdad que no existan momentos, es que yo nunca logro reunir el coraje.
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Ni siquiera él sabía que buscaban sus ojos cuando la miraba tan fervientemente. Lo único que tenía por seguro, es que jamás pero jamás sería suya.
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Estoy mortalmente cansada. No existe un milimetro de mi cuerpo que desee moverse de este lugar.
Sin embargo, sos lo único que no me deja dormir.
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Es que no existe persona más bella... y ASÍ, no se puede.
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¿Cómo se te ocurre que sea posible cruzar esa abismal distancia que nos separa, mesa de por medio? Me pesa el cuerpo. Me cuesta trabajo concentrarme en otra cosa que no sea esta pesadumbre, que no sea esta falta de aire y esta tristeza. No, no podría odiarte, nunca. Quizá, sea ese el problema.
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Mirame, mirame, mirame... !
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Fumo para matar el tiempo. Sentada acá, mirando la gente pasar, con este frío que me hace temblar hasta los huesos. Nada me llama la atención. La humanidad ha dejado de encantarme, de poseerme. Pensando que todo pasado fue mejor, maldiciendo mi suerte y el camino elegido. Pudiendo recordar aquellos besos, aquella sensación, pero no aquel amor. Me pregunto entonces, ¿se puede ser tan cinica?
Con la mente en blanco para variar. Hace horas escapé del mundo, y el mundo no se enteró. Y uno que siempre se cree tan importante. ¿Acaso hay alguien que en este instante este anhelando mi presencia?. Y esa canción que no deja de sonar en mi cabeza.
Te maldigo.
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Existen momentos en los que uno puede presentir que alguien, en algún lugar del universo está a punto de tirar los dados... y la casa siempre gana.
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