"¿Y qué vas a hacer acaso? nada que digas ni hagas puede afectarme... ¿todavía no te diste cuenta?."
Lo dijo con rabia, apretando los dientes. Contradiciendose una y otra vez con su discurso. No era coherente. Nunca lo fue.
Niño tonto, mi niño tonto. Yo ya te afecté, hace un largo rato.
Heché a andar, como si tuviera algo de qué escapar. Él no dijo nada. No me siguió, no se movió. Yo lo dejé atrás y seguí caminando. Sabía que algo estaba buscando, simplemente que no estaba segura qué. Hacía rato que me sentía vacía. Que tenía este infinito sopor. Que me hundía en las penumbras, con sonidos métalicos taladrando mis propios sueños, o debería llamarlos más correctamente pesadillas.
Me obsesionaba mi propia muerte, de una manera hasta morbosa y persistente. Pasaba largas horas imaginando cómo sería, que se sentíría después, si él lloraría. Claro que lo haría, era más una certeza que una duda. Era tan predecible, que hasta a veces sentía pena por él. Mi muñequito, mi tonto y torpe muñequito.
Tal vez no debería preocuparme más... tal vez ya estaba muerta, y ese era el problema.

Me dijo
Fascinante, "tonto muñequito" ja..
;)
13 Septiembre 2007 | 09:53 PM