Aquellos ojos. Aquellos incesantes y profundos ojos.
Sentí su mirada en la nuca. Sentí como minuto a minuto se me congeló la sangre. Fue como un puñal, un mal chiste del destino.
No pude curzar la avenida, mis pies se clavaron en aquel lugar. Por una milesima de segundo me volví invisible. Mis manos se dejaron caer pesadas contra mi cuerpo. Las rodillas se volvieron débiles. El mundo por fin había dejado de girar, aunque solo fuera, aquella milesima de segundo.
Comprendí exactamente aquella horrible sensación de sentir al pasado suspirandote en la nuca.


dafne121 dijo
esa sensacion mola, pero hay veces que no sabes lo que significa... y es bueno guiarse por las sensaciones pero sin equivocarse y entendiendola. un abrazo
5 Septiembre 2008 | 09:17 PM